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Casi todos los crucifijos están mal

La palma de tu mano no aguanta un cuerpo colgando de un clavo.

Un cirujano francés, Pierre Barbet, lo probó en 1931 con brazos de cadáver: con unos 40 kg, el clavo rajaba la mano hasta los dedos. Entre los ocho huesos de la muñeca, en cambio, el clavo queda encajado. Por eso muchos expertos creen que los clavos iban ahí (aún se discute).

Y la Biblia no se equivoca: en griego, la palabra para mano (χείρ) también llegaba a la muñeca.

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